¡Hola chicos! Menuda panzada de leer me he pegado... En fin, no se podía quedar esto sin un toque rojizo que solo una verdadera pelirroja de bote como yo podría darle a este blog.
Ya he visto que todos habeis comentado cosillas de por allí, de como llegasteis, de esas primeras impresiones tan buenas que tuvimos todos de todos (guiño guiño), anécdotas varias y demás chorradas que en su mayoría incluyen palabras como Thais, ofni o nata. Pues, en mi caso, como tengo ya la famosa libreta naranja (sí, la misma que circulaba alegremente como borrador de cartas de amor) voy a contar como fue mi vuelta a la realidad, esa fea y tan poco pirinaica realidad.
Serían las 12.30 de la noche cuando un autobús mugroso, lleno de gente maloliente y niños monos con peluche llegó a la mediterranea población de Castellón. Fue cuando por la ventana empezaron a aparecer esos carteles luminosos de puticlub con palmeritas, esos edificios aburridamente conocidos, esas calles tantas veces pisadas, ese calor pegajoso... Y fue también entonces cuando la realidad se plantó ante mi con toda su corpulencia y me pegó esa bofetada que solo una profesional de dolor como ella sabe dar... En ese preciso momento fue cuando empecé a ser asquerosamente consciente de que nunca volverían esos mismos paisajes de cuento, esas casitas con espantabrujas, ese fresco de por la mañana tan único... Supongo que a todos os pasó, que en algún momento u otro durante la vuelta os disteis realmente cuenta de lo lejos que había quedado todo aquello que a la vez estaba tan cercano en nuestra memoria. Es una situación rara, muy rara. Pasa siempre que viajas, lo sé, pero en este caso era tanto lo que comportaba ese lugar, tan simbólico el verdor de una montaña o la oscuridad de una cabaña que la sensación se magnficaba hasta el punto de parecer inverosímil el estar en un lugar que no fuera aquel. Supongo que hasta entonces quería creer que nunca llegaría a casa, que sería un viaje sin retorno, que en algún momento alguien de pelo rizado y navaja en mano secuestraría un autobús que nos traería de vuelta a aquella cuesta terrible. Sí, supongo que tenía miedo de no saber vivir sin aquello, sin vosotros; y de hecho no ha sido fácil. Resultó que aquella ciudad en la que había vivido 17 años se me antojaba más extraña que un campamento cutre y desastroso en el que solo había pasado 20 días... ¿Dónde dejaste tu querida racionalidad, Inma? Alguna zarza me la arrebató, seguro. En fin, no hacía falta ponerse dramáticos, igual solo necesitaba una ducha de agua caliente. Bueno, bajamos y en poco llegaron unos padres muy contentos por ver a sus niñas trabajadoras y desamparadas. Segundo golpe certero de la señorita realidad. Gente. Gente conocida. ¿Dónde quedaba ese descubrir constante que me hacía quereros tanto? Pues no estaba, no estaban vuestras risas, ni esos gestos firmados con vuestro nombre, ni vuestras voces, ni vuestras miradas sinceras... nada. Recuerdo, recuerdo, recuerdo. Ya no podría analizar esas caritas de sueño de por la mañana; ya no podría sentir vuesta respiración por las noches; ya no podría cruzar miradas de complicidad; ya no podríamos seguir componiendo esas melodías de carcajadas con las que deleitabamos a las montañas a todas horas;ya no podría...
Y así fue como fueron pasando los días y todo parecía empezar a volver a la rutina, pero aún así era difícil concebir la vida tan lejos de cada uno de vosotros... Os diría ahora millones de te quieros y os echaré de menos pero creo que todos sabemos ya como nos sentimos, sabemos en que situación estamos y que significamos los unos para los otros. Además también sabemos que si todos le ponemos ganas no va a ser tan difícil volver a vernos, porque solo hace falta empeño para cumplir un deseo tan terrenal como el nuestro, que es volver a estar juntos. Osea que aprovecho para animaros a ir preparando el famoso tres de enero, ¡que tiemble Madrid!
Ya he visto que todos habeis comentado cosillas de por allí, de como llegasteis, de esas primeras impresiones tan buenas que tuvimos todos de todos (guiño guiño), anécdotas varias y demás chorradas que en su mayoría incluyen palabras como Thais, ofni o nata. Pues, en mi caso, como tengo ya la famosa libreta naranja (sí, la misma que circulaba alegremente como borrador de cartas de amor) voy a contar como fue mi vuelta a la realidad, esa fea y tan poco pirinaica realidad.
Serían las 12.30 de la noche cuando un autobús mugroso, lleno de gente maloliente y niños monos con peluche llegó a la mediterranea población de Castellón. Fue cuando por la ventana empezaron a aparecer esos carteles luminosos de puticlub con palmeritas, esos edificios aburridamente conocidos, esas calles tantas veces pisadas, ese calor pegajoso... Y fue también entonces cuando la realidad se plantó ante mi con toda su corpulencia y me pegó esa bofetada que solo una profesional de dolor como ella sabe dar... En ese preciso momento fue cuando empecé a ser asquerosamente consciente de que nunca volverían esos mismos paisajes de cuento, esas casitas con espantabrujas, ese fresco de por la mañana tan único... Supongo que a todos os pasó, que en algún momento u otro durante la vuelta os disteis realmente cuenta de lo lejos que había quedado todo aquello que a la vez estaba tan cercano en nuestra memoria. Es una situación rara, muy rara. Pasa siempre que viajas, lo sé, pero en este caso era tanto lo que comportaba ese lugar, tan simbólico el verdor de una montaña o la oscuridad de una cabaña que la sensación se magnficaba hasta el punto de parecer inverosímil el estar en un lugar que no fuera aquel. Supongo que hasta entonces quería creer que nunca llegaría a casa, que sería un viaje sin retorno, que en algún momento alguien de pelo rizado y navaja en mano secuestraría un autobús que nos traería de vuelta a aquella cuesta terrible. Sí, supongo que tenía miedo de no saber vivir sin aquello, sin vosotros; y de hecho no ha sido fácil. Resultó que aquella ciudad en la que había vivido 17 años se me antojaba más extraña que un campamento cutre y desastroso en el que solo había pasado 20 días... ¿Dónde dejaste tu querida racionalidad, Inma? Alguna zarza me la arrebató, seguro. En fin, no hacía falta ponerse dramáticos, igual solo necesitaba una ducha de agua caliente. Bueno, bajamos y en poco llegaron unos padres muy contentos por ver a sus niñas trabajadoras y desamparadas. Segundo golpe certero de la señorita realidad. Gente. Gente conocida. ¿Dónde quedaba ese descubrir constante que me hacía quereros tanto? Pues no estaba, no estaban vuestras risas, ni esos gestos firmados con vuestro nombre, ni vuestras voces, ni vuestras miradas sinceras... nada. Recuerdo, recuerdo, recuerdo. Ya no podría analizar esas caritas de sueño de por la mañana; ya no podría sentir vuesta respiración por las noches; ya no podría cruzar miradas de complicidad; ya no podríamos seguir componiendo esas melodías de carcajadas con las que deleitabamos a las montañas a todas horas;ya no podría...
Y así fue como fueron pasando los días y todo parecía empezar a volver a la rutina, pero aún así era difícil concebir la vida tan lejos de cada uno de vosotros... Os diría ahora millones de te quieros y os echaré de menos pero creo que todos sabemos ya como nos sentimos, sabemos en que situación estamos y que significamos los unos para los otros. Además también sabemos que si todos le ponemos ganas no va a ser tan difícil volver a vernos, porque solo hace falta empeño para cumplir un deseo tan terrenal como el nuestro, que es volver a estar juntos. Osea que aprovecho para animaros a ir preparando el famoso tres de enero, ¡que tiemble Madrid!
"Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces"
Marco Valerio Marcial
Marco Valerio Marcial
"Te regalaré un imperio en Cádiz por carnavales
Tu lengua es un mar despacio que a mí me mece en sus olas
Que teniendo aquí tu boca pa qué quiero yo un palacio."
Carlos Chaouen
.

No hay comentarios:
Publicar un comentario